viernes, 22 de mayo de 2015

Soriano y el peronismo: Una mirada ácida e irónica de la realidad

Osvaldo El Gordo Soriano imaginó lo que se venía. Ya en diciembre de 1975, temía tener que irse del país por el clima político que se vivía: recibía constantes amenazas anónimas, con el sello de la infame Triple A, donde se ponía en duda su futura integridad física. Fue tildado con el mote de peronista de izquierda, cómplice de la guerrilla y comunista.
De estricta familia antiperonista, Soriano, quien escribió cuentos acerca de su infancia y la relación con un padre que consideraba a Perón un violador de los derechos humanos, reconoció una simpatía por el peronismo durante su adolescencia.
Junto con su talento para escribir, El Gordo utilizó su gran don de la ironía para tratar la realidad de nuestro país en sus peores épocas. No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de Invierno son ejemplo de ello. Ambas historias se centran en Colonia Vela, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires que sirve como microclima de lo que ocurre en toda una nación. En una entrevista para el Buenos Aires Herald en 1989, el autor reconoció que se inspiró en Estación Vela, “un pueblito cerca de Tandil”, una de las tantas ciudades donde Soriano pasó su niñez por el trabajo de su padre.


En 1974 publicó No habrá más penas ni olvido, un libro en el que Soriano se propuso narrar el clima que se generó a partir del regreso del General Perón al gobierno en los ´70. Este hecho generó un enfrentamiento en el seno del mismo peronismo, donde los viejos peronistas fueron tildados de traidores e infiltrados por las nuevas facciones más jóvenes del movimiento que quisieron tomar el poder del partido, gestadas durante el exilio de su líder. El autor decidió radicalizar este conflicto y volverlo un relato tragicómico al centrarlo en un pueblo donde todos se conocen entre sí.
Ambos bandos harán todo lo que sea necesario para lograr sus objetivos, aunque eso implique sacrificar la propia vida. Justificarán su lucha y esfuerzo bajo el lema “Perón o muerte” y pelearán por ver quién es el “verdadero peronista”.
Muchos fueron los célebres personajes de la cultura argentina que opinaron de esta obra. Según Julio Cortázar: “Soriano ha resumido en pocas páginas el drama de esos años a su manera, con esa rapidez que nunca es ligereza sino eliminación de lugares comunes y acotaciones innecesarias”. Para Osvaldo Bayer, gran amigo de Soriano, “él trató de dejar una estampa del peronismo, un tema que lo volvía loco”, y lo logró: ”No habrá más penas ni olvido es un libro que define al peronismo”, afirmó sin vacilar.
Pese a que muchos crean que fue durante su exilio, el autor escribió este libro en Argentina apenas meses después de la asunción de Perón. “Estaba muy sensibilizado por ese disparate que ocurría en el país y que nos desbordaba en todos los aspectos: ¿qué era eso de que Perón bautizara como peronistas a quienes no lo eran y echara peronistas que sí lo eran?”, declaró Soriano, demostrando un fanatismo por entender algo que a simple vista era inentendible.
Su preocupación por la realidad social del país y el avance de la represión de las Fuerzas Militares lo llevaron a someterse a un duro y largo exilio en Europa. En un primer momento, se refugió en Bélgica, hasta 1978 cuando se trasladó a Paris.
Fue en ese tiempo que escribió Cuarteles de Invierno, una visión de lo que fue el desarrollo de la dictadura militar del ´76, centrada nuevamente en Colonia Vela. Es una historia más clásica donde los buenos y los malos están bien identificados. Por un lado, estan los militares y el Doctor Ávila Gallo, su cómplice civil, quienes organizan el festejo del centenario del pueblo. Para ello, convocan a Galván y Rocha, un cantante de tango reconocido y un boxeador venido a menos, quienes a cambio de dinero participarán de los shows.
En palabras del autor, “son dos personas, que por su oficio, están aparentemente fuera de la política, metidos en un mundo autoritario y dictatorial”, mundo que, con el correr de apenas dos días en que transcurre la historia, les muestra su cara más cruel y terrible. Sufrirán en carne propia la persecución de los militares y la complicidad de un pueblo ciego, sordo y mudo que vivirá con indiferencia los abusos y opresión de quienes los dirigen.
Este libro fue la manera que Soriano encontró para sentirse más cerca de su país. Amante de los enigmas sin solución, la escritura fue su método de demostrar su indignación sobre lo que ocurría y como le confesó a Bayer: “Sentir por un momento como si los milicos estuvieran a mi merced”. El Gordo logró poner a su merced una realidad inentendible a través de sus obras, que hoy son el recuerdo vivo de una época para el olvido, pero que jamás hay que olvidar. 



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