Osvaldo
El Gordo Soriano imaginó lo que se venía. Ya en diciembre de 1975, temía tener
que irse del país por el clima político que se vivía: recibía constantes
amenazas anónimas, con el sello de la infame Triple A, donde se ponía en duda
su futura integridad física. Fue tildado con el mote de peronista de izquierda,
cómplice de la guerrilla y comunista.
De
estricta familia antiperonista, Soriano, quien escribió cuentos acerca de su
infancia y la relación con un padre que consideraba a Perón un violador de los
derechos humanos, reconoció una simpatía por el peronismo durante su
adolescencia.
Junto
con su talento para escribir, El Gordo utilizó su gran don de la ironía
para tratar la realidad de nuestro país en sus peores épocas. No habrá más penas ni olvido y Cuarteles de Invierno son ejemplo de
ello. Ambas historias se centran en Colonia Vela, un pueblo de la Provincia
de Buenos Aires que sirve como microclima de lo que ocurre en toda una nación.
En una entrevista para el Buenos Aires Herald en 1989, el autor reconoció que
se inspiró en Estación Vela, “un pueblito cerca de Tandil”, una de las tantas
ciudades donde Soriano pasó su niñez por el trabajo de su padre.